Cómo Eliminar sus Malos Hábitos
Su valor neto para el mundo generalmente se determina por lo que queda después derestar sus malos hábitos de los buenos.
COMO ELIMINAR SUS MALOS HÁBITOS
Tomado de La Universidad El Éxito. Og Mangino. The Autobiogragrafy of Benjamín Franklin.
Raro es el hombre sabio que no tiene una opinión definida de los hábitos.
John Dryden declaró Primero formamos nuestros hábitos y después nuestros hábitos nos forman.
Orase Mann escribió, El hábito es una cuerda. Cada día le tejemos un hilo y al final no podemos romperla.
Y Samuel Jonson exclamó, Las cadenas del hábito por lo general son demasiado pequeñas para sentirse, hasta que llegan a ser demasiado fuertes para romperse.
Si este salón de clases está atestado más allá de su capacidad, ello se debe a que todos ustedes se han reunido aquí para el mismo propósito, el de escuchar al primer genio auténtico de Estados Unidos, Benjamín Franklin, quien les describirá en su propio estilo característico cómo logró romper las cadenas de sus propios malos hábitos, esos hábitos que le habrían impedido llegar a la estatura que finalmente alcanzó. Durante toda su vida, usted ha acumulado miles de hábitos. La mayoría de ellos son buenos y algunos incluso son necesarios para sobrevivir. Por ejemplo, es muy probable que conduzca su automóvil una o más veces cada día. Poco después de su primera lección de manejo, las incontables acciones necesarias para conducir su vehículo se convirtieron en hábitos. Si siempre tuviera que detenerse a pensar antes de dar cualquier paso al conducir, con toda probabilidad en muy poco tiempo se convertiría en una víctima de accidente de carretera. Sin embargo, junto con todos esos buenos hábitos, usted sabe que también tiene algunos hábitos nocivos y si se viera presionado, con toda seguridad podría recopilar una lista bastante larga de ellos. Quizá incluso llegaría a reconocer, si es que se encuentra en un momento en que siente lástima de sí mismo, que se da cuenta de que le están impidiendo avanzar, pero simplemente no sabe qué hacer con ellos. Pero esa ya no podrá ser su excusa una vez que el sr. Franklin, en este
Resumen de su obra La Autobiografía de Benjamín Franklin, haya sostenido una charla con usted…
Aún cuando muy rara vez asistía a cualquier culto público, aún así tenía una opinión de su conveniencia y utilidad cuando los servicios se efectuaban en la forma correcta, y acostumbra pagar con regularidad mi suscripción anual para el sostenimiento del único ministro presbiteriano que teníamos en Filadelfia. El ministro solía visitarme de vez en cuando en calidad de amigo, amonestándome para que asistiera a sus servicios, y en ocasiones me convencía para que lo hiciera, y recuerdo que una vez lo hice durante cinco domingos consecutivos. Si en mi opinión se hubiese tratado de un buen predicador, tal vez habría seguido asistiendo, no obstante que para mí el domingo era una ocasión para descansar durante el cursos de mis estudios; pero sus sermones eran primordialmente argumentos polémicos, o bien, explicaciones de las doctrinas peculiares de nuestra secta, y para mí todos eran sumamente áridos, poco interesantes y nada edificantes, puesto que no se inculcaba ni se aplicaba ni un solo principio moral, pues su finalidad parecía más la de convertirnos en buenos presbiterianos que en buenos ciudadanos. Al fin, un día tomó como texto de su sermón ese versículo del cuarto capítulo de la carta a los filipenses:
Finalmente, hermanos, todo lo que es conforme a la verdad, todo lo que respira pureza, todo lo justo, todo lo que es santo, todo lo que os haga amables, todo lo que sirve al buen nombre, toda virtud, toda disciplina loable, esto sea vuestro estudio.
Y yo pensé que en un sermón con un texto así, no podríamos dejar de recibir algunos consejos sobre la moralidad. Pero se limitó a hablar únicamente de cinco puntos, tal y como lo indicó el apóstol, es decir:
1. Guardar el día de descanso.
2. Mostrarse diligentes en la lectura de las sagradas escrituras.
3. Asistir cumplidamente al culto público.
4. Participar en el Sacramento.
5. Guardar el debido respeto a los ministros de Dios. Tal vez todo eso eran cosas buenas, pero no eran la clase de cosas buenas que yo esperaba de ese texto; y como perdí la esperanza de que alguna vez llegara a encontrarlas en cualquier otro texto, me disgusté y nunca volví a asistir a sus sermones. Varios años antes (o sea, en el año de 1728), había compuesto una pequeña liturgia o forma de oración para mi uso particular que titulé Articles of Belief and Acts of Religión (Artículos de fe y actos de religión). Recurrí a esa liturgia y nunca más volví a asistir a los sermones públicos Quizá mi conducta pudiera ser reprochable, pero no voy a tratar de excusarla, ya que mi propósito es narrar los hechos y no ofrecer disculpas por ellos.Sigue en: Osado y Arduo Proyecto para Alcanzar la Perfección Moral.
The Autobiogragrafy of Benjamín Franklin. Tomado de La Universidad El Éxito. Og Mangino.
los buenos habitos son para superar y tener exito
gracias
por sus consejos